El comunicador y la adquisición
Esta historia es real. Me la contó hace algunas semanas un exdirector de comunicación. Trabajaba en una empresa de capital extranjero, que fue adquirida en su totalidad por una multinacional europea. Un negocio que además, sorprendentemente, no tuvo ninguna visibilidad en medios de comunicación, a pesar de la importancia de la entidad y del perfil de sus nuevos propietarios.
Este Dircom tenía claro, porque así lo había leído, lo había escuchado en su universidad y le habían contado otros colegas, que en una adquisición es importante el rol del comunicador corporativo para ayudar a: 1. Disminuir la incertidumbre natural que conlleva la llegada de un nuevo propietario. 2. Impulsar la evolución cultural de la organización para que no hayan choques con los estilos de dirección de la nueva administración.
No obstante, los antiguos propietarios decidieron, mientras estuvieron allí,que nada se les diría a los empleados hasta el día en que se firmara el acuerdo de venta. Sin embargo, como siempre suele suceder, el rumor de la negociación estaba en boca de todos los empleados. Nadie supo cómo se dieron cuenta, cosa que también suele suceder. A pesar de ello, mantuvieron su velo hasta el dia que habían determinado. Mientras tanto, las especulaciones al interior de la empresa aumentaban.
El Dircom de nuestra historia recibió comentarios como estos: 1. Se dice que la empresa tiene costos altos en muchos procesos y eso va a obligar a recortar personal. 2. Es posible que haya que aumentar el precio de sus servicios. 3. Hablé con un amigo que vive en (un país de Europa). Me dice que esta empresa (especulando sobre el posible nuevo dueño) "aplancha" a sus empeadosy logró acabar con el sindicato. 4. Será que me van a despedir?
Infortunadamente no pudo acordarse de todos, pero sí recuerda que por su posición, muchos empleados de la línea media pensaban que él tenía información sobre lo que estaba sucediendo. Poco a poco se fue desgastando, pues insistió varias veces en las recomendaciones pero siempre recibió una respuesta del estilo: No nos pongamos a especular porque no sabemos qué va a pasar. Es mejor que las cosas se informen cuando ya estén claras. Si quieren hacemos una reunón, lo que sea, pero no es conveniente hacerlo ahora.
También recomendó, como alternativa, que al menos se les dijera eso de manera oficial, para que conservaran la calma y se concentraran más en sus labores. No se atrevieron.
Pasaron varios meses y el acuerdo finalmente se produjo. Se hizo la firma a puerta cerrada. Se emitió un escueto comunicado contando, en esencia, el nombre del nuevo dueño y la fecha en que tomarían posesión de la empresa. Nada aclaró la incertidumbre. La posición de los antiguos propietarios era, con cierta lógica, que serían los nuevos dueños quienes podrían explicar con certeza ´cuál sería el rumbo de la organización hacia el futuro.
Pero el Dircom perdió el contacto con la nueva administración. En un mes sólo pudo hablar con un subdirector para explicarle la necesidad de definir algunas directrices de comunicación. No obstante, le respondieron que en ese momento la prioridad era hacer la valoración de la gestión de diferentes áreas de la empresa, y no comunicar cosas que, según él, tampoco estaban resueltas en ese instante.
Conclusión: en cerca de seis meses, la información oficial sobre un proceso que estaba en boca de cerca de 150 empleados, no pasó de un comunicado de dos párrafos.
Nuestro colega decidió en ese instante que su futuro profesional no tenía sentido en ese contexto. Y renunció. Por qué en pleno siglo XXI todavía contamos con ejecutivos y directivos temerosos, ambiguos, faltos de transparencia, que creen que sus empleados NO NECESITAN información para estar en la empresa en un momento de transición?
