La reputación de un nombramiento ministerial
Uribe trató de sostener hasta último momento a la Canciller Maria Consuelo Araújo. Su argumento era que individualmente, ella no era responsable de ninguno de los cargos de los que se imputaba a su hermano Alvaro Araújo: participación en paramilitarismo, secuestro...
Afirmó además que sólo por problemas de imagen no iba a reemplazar a una buena funcionaria. Lo cual, en cierta medida, parece muy justo.
Pero el problema central era la imagen que podía generarse por sostener en un cargo tan neurálgico para las relaciones internacionales, a una persona que en todo tiempo y momento iba a tener sobre sus hombros el estigma de tener un vínculo familiar directo con un posible implicado en paramilitarismo y secuestro.
Olvida el Presidente Uribe que la reputación depende no sólo de las cosas que se hagan, sino también de las que se comuniquen de forma evidente, y de forma latente por el otro.
En cuanto a los hechos, la opinión pública nacional e internacional ha visto cómo un proceso denominado Justicia, Verdad y reparación, ha caído en numerosas contradicciones y debilidades.
En cuanto a la comunicación latente, Uribe ha sido tímido en comunicar de manera contundente la condena no sólo al paramilitarismo, sino también a quienes lo han respaldado abierta o veladamente (como muchos de los congresistas que apoyaron sus campañas presidenciales).
Y la comunicación latente, lo que no dice en palabras, es tal vez la que más lo condena. Lo condena el recurrir a cortinas de humo presumiendo que la opinión pública va a distraerse con otros hechos. Lo condena el recurrir al espejo retrovisor para insinuar o afirmar que hay otros culpables históricos de la debacle actual, o que otros hicieron cosas peores que las que se le imputan a su gobierno. Lo condena el insistir en sostener funcionarios en cargos a pesar de los notables cuestionamientos que se les hacen y además, defenderlos.
En fin, de no haber sido por la presión de la opinión pública, de la oposición, de los medios, Uribe habría condenado al país a una gestión internacional que haría recordar las dificultades del gobierno Samper cuando pasaba la mayor parte de su tiempo explicando por qué no sabía lo que muchos creen que sí sabía.
