Uribe II: ¿problemas de comunicación o de personalidad?
spuestas destempladas del Presidente Alvaro Uribe a los parlamentarios del Polo democrático que han anunciado debates sobre su relación con el paramilitarismo en Colombia, parecen tener muchas causas, de acuerdo a analistas cercanos al mandatario (o incluso, de acuerdo a sus críticos).
- Es una debilidad de la estrategia de comunicación: Dudo mucho que un Jefe de Estado con casi cinco años al frente de la Presidencia y con un trajín en la vida pública que suma cerca de 30 años, tenga dificultades para saber qué es conveniente o no para su estrategia de comunicación con los ciudadanos. No es, como se ha dicho, un problema del nuevo asesor, pues Uribe I casó peleas con muchos actores de la vida nacional, ONG, partidos políticos, expresidentes, entre otros. Si bien Eastman no parece tener ni la formación de su antecesor, hoy disfrutando de la tranquilidad de la embajada en Argentina (Jaime Bermúdez), ni su ascendencia sobre el Presidente, tampoco creo que lo esté incentivando para que enfrente los debates con esa calidad de respuestas.
- Es un problema de personalidad: A mi modo de ver, Uribe se encuentra en una fase de su gobierno en la que no escucha a sus colaboradores. El desgaste natural de cinco años de gobierno madrugando a las 4 de la mañana, montado en un avión la mitad del tiempo, se empiezan a sentir en su agitada personalidad, sin que las gotas de su médica de cabecera estén haciendo su efecto. No creo, como dice el excandidato Carlos Gaviria, también irrespetando la dignidad presidencial, que el Presidente necesite un psiquiatra, pero sí considero que Uribe requiere una profunda autoreflexión sobre lo poco que le conviene al país su explosiva personalidad.
Mi reflexión gira en torno al papel de un Presidente y a la dignidad que representa su cargo. El rol de un Jefe de Estado, más en un país en conflicto como el nuestro donde los niveles de tolerancia son mínimos, donde un adulto puede morir porque despojó de su silla a otra persona, es el de liderar la búsqueda de la convivencia. Desarmar los espíritus, frase de cajón, es un primer paso para buscar esa reconciliación. Pero cuando la agresión, las ofensas, las descalificaciones se convierten en parte del lenguaje oficial, empezamos a meternos en otro contexto.
Por supuesto, nada dice que un Presidente no pueda defenderse de quienes lo acusan. Pero no puede hacerlo a costa de desbaratar la poca armonía que nos queda. Si Uribe II continúa por ese camino, entregará un país más polarizado y dividido del que tenemos. El Presidente debería estar invitando a los organismos judiciales a que aclaren su relación con los gupos paramilitares, a que depuren la presencia paramilitar en la política nacional, a buscar respeto por la dignididad que encarna (aclarando que el respeto no se pide: se merece), y a dejar que todo quede en manos de la justicia.

sol dijo
usted es conservador por conveniencia!
29 Abril 2007 | 06:20 AM